Además de las populares palmeritas de Morata, la localidad del sureste madrileño ofrece durante toda la Semana Santa diversas propuestas gastronómicas, desde dulces para los amantes de la repostería, a la tradicional comida castellana, pasando por un menú inspirado en el Última Cena.

Con un jugosísimo hojaldre, aunque de pequeño tamaño, y cubiertas de chocolate que se derrite con solo mirarlo, los reposteros morateños llevan medio siglo elaborando las famosas palmeritas de Morata. Un dulce que durante la Semana Santa deja paso a los “pasioncitos y las tentaciones”, los dulces oficiales de la Pasión de Jesús, que se celebra cada Jueves Santo desde hace 32 años en la localidad.

Dos “pecados” que hacen de la Pasión de Morata la única en el mundo con repostería oficial. Y para aquellos que teman caer en la gula de probarlos, han de saber que, además, la de Morata es la única pasión con la indulgencia del Papa Juan Pablo II para todos aquellos que participen en ella o la contemplen.

Correr el Hornazo

El domingo de Pascua, es tradición en Morata “correr el hornazo”. Un bollo de pasta y levadura al que se le añaden huevos crudos que se cuecen junto al bollo en el horno y que pueden ir adornados con un baño de azúcar y caramelos para los más pequeños.

Un bollo que, junto con las tortas, viene acompañado por la tradición de comerlo en el campo junto a toda la familia y amigos. Además, es común que los huevos que acompañan el hornazo se casquen jugando en la cabeza de uno de los acompañantes antes de empezar a pelarlos.

La auténtica Última Cena en el Mesón El Cid

El Cristianismo, con la institución de la Eucaristía, se fundó en la Última Cena, el banquete más popular de la Historia. Un repertorio de platos que hoy podemos precisar con absoluta exactitud, basándonos en el Evangelio de san Juan y en las precisiones realizadas en su día por el actual Papa Emérito Benedicto XVI, y que se pueden degustar en el Mesón El Cid de Morata de Tajuña.

Hasta el Sábado Santo, este restaurante ofrece un menú compuesto por los cuatro platos simbólicos con los que los judíos conmemoraban el episodio del Éxodo, acompañados por el matzo o pan ácimo, y las cuatro copas de un vino direct, antecedente del actual syrah.

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